Sean Agradecidos

Sean agradecidos. En el idioma inglés hay dos términos pequeños que quizás encierren mayor significado que todos los demás términos de ese idioma, estos son “thank you” y cuyo equivalente se encuentra en casi todos los idiomas como, por ejemplo, gracias, merci, danke, obrigado, domo.

El hábito de decir gracias es la característica de un hombre o de una mujer educados. ¿Con quiénes no está complacido el Señor? Él menciona a aquellos que no confiesan Su mano en todas las cosas (véase D. y C. 59:21). Eso es, los que andan sin una expresión de gratitud. Mis queridos amigos, anden con gratitud en su corazón; estén agradecidos por las maravillosas bendiciones que poseen; estén agradecidos por las tremendas oportunidades que tienen; estén agradecidos a sus padres quienes se preocupan tanto por ustedes y quienes han trabajado tanto para sostenerles. Háganles saber que están agradecidos; den las gracias a su madre y a su padre; den las gracias a sus amigos; den las gracias a sus maestros; expresen agradecimiento a quienquiera les haga un favor o les ayude de cualquier modo.

Den gracias al Señor por Su bondad hacia ustedes. Den las gracias al Todopoderoso por Su Hijo Amado, Jesucristo, quien ha hecho por ustedes lo que ningún otro en este mundo podría hacer. Agradézcanle Su gran ejemplo, Sus grandiosas enseñanzas, Su mano extendida para elevar y ayudar. Reflexionen en el significado de Su Expiación. Lean en cuanto a Él y lean Sus palabras en el Nuevo Testamento y en 3 Nefi en el Libro de Mormón. Léanlas en silencio y luego mediten en ellas. Expresen a su Padre Celestial su profunda gratitud por el don de Su Hijo Amado.

Sean agradecidos al Señor por Su maravillosa Iglesia restaurada en esta grandiosa época de la historia. Denle las gracias por todo lo que la Iglesia les ofrece; denle las gracias por amigos y seres queridos, por padres y hermanos y hermanas, por la familia. Permitan que un espíritu de agradecimiento guíe y bendiga sus días y sus noches. Llévenlo a la práctica; descubrirán que cosecharán maravillosos resultados.

Fragmento del discurso de Gordon B. Hinckley, “El consejo y la oración de un profeta en beneficio de la juventud”, Liahona, enero de 2001, pág. 2)

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