Sean Limpios

Vivimos en un mundo que está lleno de inmundicia y sordidez, un mundo que tiene todo el hedor de la maldad. Está por todos lados: en la pantalla de la televisión, en el cine, en la literatura popular, en  Internet. No se pueden arriesgar a verla, mis queridos amigos; no pueden permitir que ese veneno asqueroso les toque; manténganse alejados de él; evítenlo. No alquilen esos videos ni se expongan a las cosas degradantes que exhiben. Ustedes, los jóvenes que poseen el sacerdocio de Dios, no pueden mezclar esa inmundicia con el santo sacerdocio, sean limpios.

Eviten el hablar depravado; no tomen el nombre del Señor en vano. De los estruendos del Sinaí, el dedo del Señor escribió sobre las tablas de piedra: “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano” (Éxodo 20:7).

No es un signo de hombría el usar en vano y a la ligera el nombre del Todopoderoso o el de Su Hijo Amado, como muchos suelen hacerlo.

Elijan a sus amigos con detenimiento; son ellos los que los llevarán en una dirección u otra. Todos desean tener amigos; todos necesitan amigos, y a nadie le gusta estar sin ellos. Pero nunca pierdan de vista el hecho de que son sus amigos los que los llevarán por los senderos que habrán de seguir.

Aunque deben ser amigables con todas las personas, seleccionen con mucho cuidado a aquellos que deseen tener cerca de ustedes; ellos les salvarán en situaciones donde ustedes tengan dudas para tomar una decisión, y ustedes harán lo mismo por ellos.

Sean limpios. No desperdicien su tiempo en diversiones destructivas. Hace poco se llevó a cabo en el valle de Salt Lake un espectáculo con una banda ambulante. Me contaron que fue aborrecible, lujuriosa y diabólica en todos los aspectos. Los jóvenes de esta comunidad pagaron entre $25 y $35 dólares por entrada. ¿Qué recibieron a cambio de ese dinero? Únicamente una voz seductora urgiéndoles a llevarlos en dirección de las cosas sórdidas de la vida. Les suplico, mis amigos, que se mantengan alejados de esas cosas; no les será de provecho; sólo les hará daño.

Recientemente les hablé a sus madres y a sus padres. Entre otras cosas, les hablé acerca de los tatuajes.

¿Qué otra creación es más maravillosa que el cuerpo humano? Cuán asombrosa es como la obra culminante del Todopoderoso.

Pablo, al dirigirse a los Corintios, dijo: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

“Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:16–17).

¿Pensaron alguna vez que su cuerpo es sagrado? Son hijos de Dios; el cuerpo de ustedes es la creación de Él. ¿Desfigurarían esa creación con representaciones de personas, animales y palabras?

Les prometo que llegará el día, si ustedes llevan tatuajes, en que se arrepentirán de sus acciones. No se pueden quitar con agua; son permanentes. Únicamente se pueden quitar mediante un proceso costoso y doloroso. Si llevan un tatuaje, probablemente lo lleven consigo por el resto de sus vidas. Llegará el día en que se convertirá en algo vergonzoso para ustedes. Evítenlo. Nosotros, como sus Hermanos que les aman, les suplicamos que no se vuelvan tan irreverentes con el cuerpo que el Señor les ha dado.

Quisiera mencionar aretes y anillos que se colocan en otras partes del cuerpo. Éstos no son varoniles; no son atractivos. Ustedes, jovencitos, se ven mejor sin ellos, y creo que se sentirán mejor sin ellos. En cuanto a las jovencitas, no es necesario que se coloquen aretes de arriba a abajo de las orejas; un modesto par de aretes es suficiente.

Menciono estas cosas porque también tienen que ver con sus cuerpos.

¡Qué verdaderamente bella es la jovencita bien arreglada que es limpia en cuerpo y mente! Ella es una hija de Dios de quien su Padre Eterno se siente orgulloso. ¡Qué apuesto es el jovencito bien arreglado! Él es un hijo de Dios, considerado digno de poseer el santo sacerdocio de Dios; no necesita tener tatuajes o aretes en ninguna parte de su cuerpo o dentro de él. La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce están unidos en impartir consejo en contra de estas cosas.

Y al hablar en cuanto a estos asuntos, deseo volver a hacer hincapié en el asunto de la pornografía. Se ha convertido en una industria de 10 mil millones de dólares en los Estados Unidos, donde un puñado de hombres se enriquece a expensas de miles y miles, quienes son sus víctimas. Aléjense de ella; es excitante, pero les destruirá; les distorsionará los sentidos; despertará en ustedes un apetito que les hará hacer cualquier cosa para satisfacerlo; y no intenten entablar asociaciones a través de Internet y de los cuartos de “chat”, ya que pueden conducirlos al abismo preciso del pesar y de la amargura.

Debo también decir algo sobre las drogas ilícitas. Ustedes saben lo que pienso en cuanto a ello. No me importa la variedad que exista: éstas les destruirán; ustedes se convertirán en sus esclavos. Una vez que estén en su poder, harán cualquier cosa para conseguir el dinero para comprar más.

Me quedé azorado al ver un programa de televisión y me enteré que en el 20 por ciento de los casos, los padres enseñaron a los hijos a usar drogas. No entiendo la insensatez de esos padres. ¿Qué futuro, aparte de la esclavitud de sus hijos, podrían ver en ellas? Las drogas ilegales destruirán totalmente a aquellos que se hagan adictos a ellas.

Mi consejo, mi súplica para ustedes maravillosos jóvenes y jovencitas, es que se mantengan completamente alejados de ellas. No tienen que experimentar con las drogas. Miren a su alrededor y vean los efectos que han tenido en otras personas. No hay necesidad de que ningún niño o niña Santo de los Últimos Días, o jovencito o jovencita, siquiera intente probarlas. Consérvense limpios de estas adicciones que alteran la mente y crean hábito.

Y ahora, en cuanto al problema más común y más difícil de todos que ustedes, jovencitos y jovencitas, tienen que afrontar: es la relación que tienen unos con otros; trata con el más poderoso de los instintos humanos. Tal vez sólo la voluntad de vivir sea más grande que él.

El Señor ha hecho que seamos atractivos los unos para los otros para un gran propósito, pero esa misma atracción se convierte en un barril de pólvora a menos que se mantenga bajo control. Es bello cuando se trata de la manera correcta; es mortífero si no se sabe controlar.

Es por esa razón que la Iglesia aconseja en contra del noviazgo a temprana edad. Esta regla no tiene por objeto hacerles ningún daño; tiene por objeto ayudarles, y lo hará si la observan.

El noviazgo formal a temprana edad muy a menudo lleva a la tragedia; los estudios han demostrado que cuanto más tiempo salgan juntos un joven y una jovencita, aumenta la probabilidad de que se metan en problemas.

Mis amigos, es mejor salir con una variedad de compañeros hasta que se esté listo para casarse. Diviértanse, pero aléjense del exceso de confianza. Mantengan sus manos bajo control; tal vez no sea fácil, pero es posible.

Ustedes, los jóvenes que tienen pensado salir en una misión, deben reconocer que el pecado sexual quizás les prive de esa oportunidad. Tal vez piensen que pueden ocultarlo, pero la larga experiencia ha demostrado que no se puede. Para servir una misión eficaz deben tener consigo el Espíritu del Señor, y la verdad que se oculta no está en armonía con ese Espíritu. Tarde o temprano sentirán la obligación de confesar sus transgresiones anteriores. Muy bien lo expresó Sir Galahad: “Mi fortaleza es como la fortaleza de diez, porque mi corazón es puro” (Traducción libre, Alfred, Lord Tennyson, Sir Galahad, 1842, estrofa 1).

Mis queridos jóvenes amigos, en asuntos del sexo ustedes saben lo que es lo correcto; ustedes saben cuando están caminando por terreno peligroso, cuando es demasiado fácil vacilar y resbalar al foso de la transgresión. Les imploro que tengan cuidado, que permanezcan a una distancia segura del abismo del pecado al cual es tan fácil caer. Manténganse limpios de la tenebrosa y desilusionante maldad de la transgresión sexual. Anden a la luz de esa paz que se logra al obedecer los mandamientos del Señor.

Ahora, si hubiera alguien que haya cruzado la línea, que ya haya transgredido, ¿hay alguna esperanza para él o ella? Por supuesto que sí. Si existe el verdadero arrepentimiento, habrá perdón. El proceso comienza con la oración. El Señor ha dicho: “Quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no lo recuerdo más” (D. y C. 58:42). Compartan sus cargas con sus padres si pueden; y por favor, confiésense con el obispo que está deseoso de ayudarles.

Fragmento del discurso de Gordon B. Hinckley, “El consejo y la oración de un profeta en beneficio de la juventud”, Liahona, enero de 2001, pág. 2)

Un pensamiento sobre “Sean Limpios”

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