Sean Humildes

Se Humilde, no hay lugar para la arrogancia en nuestra vida; no hay lugar para el engreimiento; no hay lugar para el egoismo se humilde. Tenemos que realizar una gran obra; tenemos cosas que llevar a cabo. Necesitamos dirección en la búsqueda de nuestra educación; necesitamos ayuda en la selección de una compañera o un compañero eternos.

El Señor ha dicho: “Sé humilde; y el Señor tu Dios te llevará de la mano y dará respuesta a tus oraciones” (D. y C. 112:10).

Qué promesa tan grande encierra esta declaración. Si nos despojamos del engreimiento, del orgullo y la arrogancia, si somos humildes y obedientes, entonces el Señor nos llevará de la mano y contestará nuestras oraciones. ¿Qué cosa más maravillosa podríamos pedir? No hay nada que se le compare.

En el gran Sermón del monte, el Salvador declaró: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5:5).

Creo que los mansos y los humildes son aquellos que son enseñables; están dispuestos a aprender; están dispuestos a escuchar los susurros de la voz quieta y apacible para recibir guía en sus vidas. Ellos consideran la sabiduría del Señor superior a la de ellos mismos.

Fragmento del discurso de Gordon B. Hinckley, “El consejo y la oración de un profeta en beneficio de la juventud”, Liahona, enero de 2001, pág. 2)

 

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